1. El jugador esporádico: es aquel que tiene control sobre su conducta y juega por diversión, sin temor a pérdidas ni ansias por ganancias.
2. El jugador patológico: a diferencia del anterior, no juega por jugar, juega porque se ve incapaz de dejar de jugar. El juego se ha convertido en una adicción. Este tipo de personas no controlan ni la frecuencia ni la cantidad de apuestas. Cuando pierden se excusan con la revancha, y si por casualidad ganan la revancha, suelen apostar más… ¿pero cual es el límite? El jugador patológico no lo sabe o lo pierde de vista en las primeras jugadas.
La mayoría termina en depresión y abandono personal con incapacidad para controlar la situación en el ámbito familiar y social. No son pocas las veces que se ve comprometido a cometer delitos para jugar. No puede dejar de jugar aunque se lo proponga. Cuando no puede jugar por razones financieras suelen exteriorizar síndromes de abstinencia y el deterioro personal aumenta significativamente.
3. El jugador profesional: este es un tipo de jugador muy diferente a los dos anteriores. Él no juega por jugar, como lo haría el jugador esporádico, ni juega por necesidad, como lo haría el jugador patológico. El jugador profesional juega para demostrar que su método es el mejor sin ningún tipo de obsesión ni compulsión.